La Declaración 2015: entre expectativas y sospechas


La etapa más reciente en las negociaciones post 2015 fue el debate sobre la Declaración, destinada a ser la declaración en un marco político, que tuvo lugar del 17 al 20 de febrero en Nueva York. A pesar del fuerte énfasis en la transformación y la ambiciosa aspiración, se dibujan líneas tradicionales entre las posiciones de (la mayoría) del Norte y del Sur.

Al mismo tiempo, el debate fue rico y lleno de matices, lo que refleja la creciente diversidad de las preocupaciones de los países en desarrollo y su voluntad de participar sustantivamente en cuestiones que serán fundamentales para la transformación. El proceso continúa sugiriendo que hay potencial histórico para corregir algunos de los desequilibrios de larga data que impulsan profundas disparidades sociales y económicas, y la colisión inminente con los límites del planeta. La noción de que la agenda para el desarrollo post 2015 se supone será de aplicación universal para todos los países y personas en el mundo no tiene precedentes, nunca antes ha habido un programa de desarrollo de esta amplitud en su alcance.

Post 2015: los orígenes de la Declaración

Los negociadores discutieron un primer “documento elemento” y un”documento de trabajo”, ambos enfatizados como una oportunidad para intercambiar ideas. Éstas son algunas cuestiones que trascienden las conversaciones:

¿Cuál es la transformación en realidad?

Muchos delegados acordaron que el proceso post 2015 debe ser sobre transformación. Pero ¿qué significa esto en los hechos? Dados los límites del planeta, ¿podemos hablar solo de erradicación de la pobreza, tan esencial como lo es, y no sobre profundas desigualdades? ¿Cómo pueden, los miles de millones de personas que necesitan consumir más para alcanzar los estándares más básicos de una vida digna, hacerlo sin que el menor número de “sobreconsumidores” renuncie a algunas de sus ventajas desproporcionadas? ¿Podemos hablar de desarrollo sostenible sin una financiación coherente que no solo sea procíclica sino también contracíclica, es decir, que esté disponible en tiempos buenos y malos? ¿Cómo podemos decir “los pobres necesitan dignidad” cuando, como señaló un delegado, algunos de los comportamientos más indignantes es que la gente rica tiene un sentido distorsionado de derechos? ¿Qué hay de transformador si los poderosos siguen siendo principalmente responsables ante sí mismos, y no ante todos?

Común pero no tan diferenciada

Esas responsabilidades comunes pero diferenciadas están rebotando como una pelota en las conversaciones. Los países en desarrollo las quieren en la declaración, ya que ésta reconoce que todos estamos trabajando hacia objetivos comunes, pero que los que tienen mayor capacidad tienen la obligación de hacer más. Los países ricos quieren a las responsabilidades comunes pero diferenciadas fuera la declaración, alegando que es un principio jurídico que se ha acordado solo en un contexto ambiental limitado. Sin embargo, es fundamental para el Acuerdo de Río+20 y para los tres pilares / dimensiones del desarrollo sostenible. El documento final del Evento Especial de la ONU sobre los ODM de 2013 estableció el marco para el proceso post 2015, con una referencia explícita a las responsabilidades comunes pero diferenciadas.

Algunos delegados también realizaron un fuerte cabildeo para disminuir la comprensión de universalidad, en referencia a la “responsabilidad compartida”, donde cada uno es responsable de hacer sus propias acciones para lograr los ODS. En una economía global y dado un planeta común, ¿cómo es esto posible si los países no tienen un espacio político para el desarrollo sostenible, no pueden hacer crecer sus economías para cuidar de sus sociedades y luchan con las consecuencias ambientales que no han sido provocadas por ellos? Si el objetivo es realmente la universalidad, incluso más allá de los argumentos morales, las responsabilidades comunes pero diferenciadas son una necesidad práctica. Algunos delegados de los países en desarrollo declararon abiertamente que la universalidad sin diferenciación es un motivo de ruptura del acuerdo. Otros propusieron un enfoque en los resultados, como por ejemplo mediante la sustitución de “responsabilidad compartida” con la “prosperidad compartida”.

Incursionando con los datos

Aunque débiles en la adaptación a las normas y estándares internacionales, entre otras limitaciones, los ODM tenían méritos para centrar la atención sobre ciertos temas, y mejorar la recopilación y uso de datos. Pero había claramente problemas con los indicadores de los ODM, como el hecho de que algunas regiones ya habían logrado todos ellos, y algunos temas fueron tomados de manera tan limitados que no tenían casi sentido. Ahora ha llegado el momento de los indicadores en la agenda de desarrollo post 2015, y las discusiones sobre futuros indicadores para los ODS se convertirán en otra área controvertida en el proceso.

La lista preliminar de indicadores propuestos para los ODS hace un gran esfuerzo para identificar las medidas para cada una de las 169 metas de los ODS. La mayoría de los indicadores propuestos son SMART (específicos, significativos, cuantificables, asequibles, pertinentes y de duración determinada), por ejemplo, promoviendo la relación Palma como una medida de desigualdad entre los ingresos del diez por ciento más rico y el cuarenta por ciento más pobre. Pero cuando el objetivo es sumamente político, los indicadores propuestos muestran una tendencia a “bajar el listón”. Por ejemplo, el objetivo propuesto parar respetar el espacio normativo nacional mide la voluntad de compartir información fiscal. El objetivo sobre el fomento público, las asociaciones público-privadas y la sociedad civil podría depender únicamente del recuento del número (y no su tamaño) de las asociaciones público-privadas, y el desarrollo de nuevos índices para medir el desarrollo sostenible podría depender del índice de la felicidad nacional bruta.

Los indicadores definen qué se valora (o por omisión, qué no). Preguntas para su desarrollo son: ¿Están relacionados consistentemente con las normas y estándares totalmente alineados con la Carta de las Naciones Unidas, los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la igualdad y así sucesivamente? ¿Todos ellos tienen que aplicarse a nivel global? ¿Qué sería mejor a nivel nacional? ¿A nivel regional? ¿Y a quién se está midiendo? Dado que el programa va a ser universal, ¿qué indicadores aplican explícitamente y desafiarán a los países ricos? ¿Van a estar presentando informes sobre éstos y van a tener conversaciones reales sobre sus propias debilidades y vacíos en foros internacionales de carácter universal, tal como es la expectativa para los países en desarrollo?

Inspirador… o girando?

Hubo bastantes pedidos para hacer la declaración política inspiradora y comprensible para las personas de todo el mundo. Pero a veces, la discusión parecía virar hacia un ejercicio de relaciones públicas, tal como varios delegados señalaron, socavando la seriedad política de la declaración. ¿Era ese el punto? Hubo un gran énfasis en el tamaño de página. Un delegado pidió que se limitaran las referencias negativas que podrían desmotivar a la gente, como los asuntos pendientes de los ODM. Otro propuso traspasar la redacción a un escritor de discursos. Sin embargo, otro sugirió que la declaración sea fascinante. La mayoría de la gente, sin embargo, mira con recelo lo que saben son cuestiones fundamentalmente críticas, y está inspirada y cautivada por las buenas ideas que hacen una diferencia real en sus vidas.

Algunas buenas ideas…

Una dimensión interesante (y muy bienvenida) en el proceso post 2015 es que (casi) todo el mundo parece estar de acuerdo en la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres. Los delegados insistieron en repetidas ocasiones que esto debe tener un lugar destacado en la declaración. Migración estaba bien posicionada por varios oradores como una cuestión de derechos; también enfatizaron las contribuciones muy significativas de los migrantes a las economías.

Hubo demandas alentadoras para que se profundice el compromiso con el capital, en que el verdadero tema para avanzar en el desarrollo sostenible es una realidad urgente, e involucra a todos los sectores de la sociedad y niveles de gobierno. Las diversas y cambiantes alianzas entre los Estados miembros también fueron positivas, lo que permite más matices en el debate a través de las referencias a las experiencias nacionales específicas y diferentes etapas de desarrollo. Nuevas coaliciones se unieron en torno a temas, tales como estado de derecho, cultura, género, familia y reducción del riesgo de desastres.

¿Qué No está en la agenda?

Cuestiones sistémicas. A pesar de toda la retórica sobre la transformación, algunos delegados (y ninguno de los documentos de debate) señalan sobre el entorno del comercio y la inversión que “permite” el logro de los ODS. Es difícil hablar de atención de salud, pobreza, educación, empleo, derechos de las mujeres y así sucesivamente cuando los sistemas con una fuerte influencia sobre ellos son invisibles. En este momento, los inversores parecen tener más derechos y libertades que muchas personas. Esto necesita ser remediado, al igual que las modalidades insostenibles de consumo y producción. Si corregir los desequilibrios como éstos no está en el corazón de la agenda post 2015, ¿qué significado tendrá?

Desempaquetando una palabra…

No dejar a nadie atrás. Suena bien -ayudar a todos los que son pobres, excluidos y carecen de servicios básicos. Identificado por el Grupo de Alto Nivel sobre post 2015 como uno de los cinco cambios transformadores, se está convirtiendo en el eslogan para el proceso post 2015. Pero esto implica la integración en el modelo insostenible de desarrollo actual. Se pone todo el énfasis en un grupo que no ha causado los problemas que aquejan al mundo de hoy. Y deja de lado a los que han causado estos problemas mientras dibuja la mayor parte de los beneficios. Con el fin de no dejar a nadie atrás, no debemos dejar a nadie fuera.

Metas para los ricos: Ya es hora

No excluir a nadie exige que los ricos tengan metas, al igual que todos los demás. El Grupo de Reflexión sobre Perspectivas de Desarrollo Global ha desarrollado una tipología de las metas y objetivos para los ricos, que comprende tres categorías: los relacionados con la sostenibilidad interna, “no-hacer-daño” más allá de las fronteras nacionales, y las responsabilidades internacionales teniendo en cuenta mayores capacidades y recursos. En éstos deben ser objetivos clave reducir las desigualdades dentro y entre países, para cambiar los patrones de consumo y producción sostenibles, y para eliminar los obstáculos financieros y estructurales para la consecución global del desarrollo sostenible. Sin estos objetivos, la agenda de desarrollo post 2015 está destinada a no ser transformadora, a no ser universal y a no ser sostenible. Los objetivos para los ricos son, en definitiva, medidas no solo para algunos países y personas, sino de que tan importante puede ser la agenda post 2015 en su totalidad.

Muchos procesos, un propósito mayor

Con un número de importantes procesos internacionales que tienen lugar desde ahora hasta el final del año, un poco de energía política se gasta en la clasificación de las intersecciones entre ellos. Todos son piezas importantes, pero deben ajustarse a un propósito mayor, un mundo que realmente funciona en la línea de inclusión universal, la igualdad, los derechos humanos, la protección del planeta y así sucesivamente. De lo contrario, estamos de vuelta en la fragmentación y unos intereses dominantes, o todo sigue igual.

El primer proceso se relaciona con la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas, a punto de examinar un conjunto preliminar de indicadores globales para los ODS en su reunión de marzo. A pesar de algunas afirmaciones, de que los indicadores son principalmente un problema técnico y que están destinados a fluir de alguna manera de las metas y objetivos ya acordados, tienen claras implicaciones políticas. No reconocer esto, como algunos delegados señalaron, pondrá en peligro el proceso post 2015. En enero, los cofacilitadores informaron a los delegados que el proceso de selección de indicadores se desarrollaría bajo la guía experta de la Comisión de Estadística. Teniendo en cuenta lo que se ha propuesto hasta ahora como indicadores, y que el enfrentamiento ya ha pasado sobre la propuesta de “pruebas técnicas” de los objetivos y metas (con sospechas de ser la puerta trasera para renegociar los ODS), es poco probable que algunos Estados miembros vean a los indicadores propuestos como un simple acuerdo sellado.

Un segundo proceso es el de la Financiación para el Desarrollo. Algunos países ricos han sugerido incorporarlo a la agenda post 2015, donde podría convertirse principalmente en los recursos financieros para el desarrollo. Los países en desarrollo han retrocedido porque ven que el FpD3 necesita espacio para entrar en las grandes cuestiones sistémicas que suman al cambio real, como el comercio, la deuda y el sistema financiero internacional. Notablemente, los países en desarrollo en el proceso post 2015 destacan el desarrollo del ODM 8, porque a pesar de sus muchas debilidades, cubre cuestiones sistémicas e implica una asociación mundial basada en relaciones estatales, no los grupos de interés (multistakeholder) más difusos y ¿menos responsables? que se distinguen ahora en el proceso post 2015.

Un tercer proceso es la 21ª Conferencia de las Partes (COP 21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París en diciembre. Muchos países quieren un acuerdo serio fuera de él, con diferentes puntos de vista sobre el nivel de detalle que debe estar en el acuerdo post 2015. En cualquier caso, el éxito o el fracaso de la cumbre post 2015 en setiembre influirá esencialmente en el resultado de la cumbre de París y en el futuro de la diplomacia multilateral sobre clima.

Por Barbara Adams, Gretchen Luchsinger

Fuente: Global Policy Watch.

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